Confesiones de una soñadora

Siempre me creyeron una soñadora, siempre me creí una soñadora y hoy, después de 25 años de vida y medio año viviendo sola, creo que puedo decir que soy una soñadora. Soñaba con vivir sola, ser independiente, tener una bonita vista desde un balcón, tocar guitarra, cantar sin miedo. Soñaba con bailar salsa con alguien más alto que yo, caminar sin miedo a que me asalten, pisar un escenario y lograr cantar, bailar y actuar al mismo tiempo. Y a mi manera, con errores y lágrimas, lo he logrado. Pero aun sueño, sueño con besar a alguien bajo la lluvia, con inspirar a alguien a que diga “ella pudo, yo también”. Sueño con decir lo que siento sin pensar en el qué dirán, quiero verme en el espejo y enamorarme de lo que veo, quiero luchar sin preocuparme por perder.

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Hoy quiero confesar que lloro, y no sólo de felicidad, también sé llorar de tristeza, y no sólo por una película. Porque la vida no es fácil, pero lucharla es más divertido. Confieso que me muero de miedo de no ver a mi abuelita una vez más, que tengo miedo que llegue el día que no sepa qué más hacer por lograr el resto de mis sueños. Que tengo miedo de arrepentirme de los riesgos que no tomé y las palabras que no dije. Confieso que no quiero darme por vencida y que tengo mucho miedo a enfermarme y no tener a mis papás para que me engrían.

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Confieso que día a día lucho para que la niña que fui no se avergüence de quien hoy soy. Que tengo mucho miedo a la soledad, porque aprendí muy bien a estar sola, pero no quiero especializarme en ello. Confieso que aun sueño lo mismo que hace 10 años, que mis sueños de arte no estan en pausa. mucho menos en stop, simplemente están tomando otro color. Que veo el avance de mis amigos y me gustaría estar en su lugar, luego miro atrás y estoy feliz con el camino que tomé. Confieso que tengo miedo que mi sonrisa sea en el fondo la máscara de un alma triste, y que peleo día a día por reír y hacer a alguien reír.

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Confieso que hay días que quiero dejarlo todo y echarme a dormir, pero luego amo cuando un rayo de sol me despierta. Que tengo miedo, mucho miedo de rendirme y no ser quien hasta ahora creo que soy. Que por momentos quisiera tomar un avión y regresar, pero luego de alguna buena charla me doy cuenta que este es mi lugar. Confieso que te extraño y que se me saldrá el corazón cuando te vuelva a ver.

Pero más que todo confieso que no soy inocente de lo que me rodea. Que veo la realidad de las cosas, y que mi alegría no significa que niegue los problemas del mundo, sino que trato de poner un poco de felicidad en todo aquel a quien pueda llegar. Confieso que no creo haber llegado lejos, simplemente he avanzado; y que me he caído y golpeado, pero he aprendido de cada bache en el camino. Confieso que no todo es rosa, pero ando con un pincel en la mano tratando de ponerle un poco de color a la vida. Confieso que amo, amo mucho y quiero amar mucho más, porque dentro de todo, con problemas, soluciones, risas y lágrimas, el amor está detrás de cada paso que damos en esta vida.

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