Crónica de una victoria anunciada

Sé que todo el mundo ya lo sabe, pero escribirlo yo misma hace sentirlo más real, porque todo parece un sueño, Croacia está en la final del mundial 2018. Tengo recuerdos de 1998, de mi papá recogiéndome temprano del colegio para llegar a ver un partido, de la caravana y la fiesta luego de ganar el tercer puesto. Cómo empecé a amar a un país en el que no había nacido, pero sentía mío. Tenía doce años cuando me despertaba a ver los partidos de Corea-Japón, y no entendía como no podíamos ganar, si ya habíamos ganado antes…pensaba que las cosas debían de mejorar no empeorar. Luego Alemania 2006, tener que justificar delante de un profesor por qué quería que gane Croacia, en lugar de por ejemplo Brasil que es país vecino ¿cómo no entendía que soy peruana pero también croata?. Cuatro años después no podía creer que no estábamos en Sudáfrica 2010…no tenía lógica después del buen desempeño en la Eurocopa del 2008, pero esperé cuatro años más.

Uno de mis anhelos más grandes siempre había sido estar en un país que juegue en el mundial, durante el mundial claro está, y lo hice en el 2014 cuando estuve un tiempo en Croacia, claro que es escenario y desenlace fueron totalmente distintos. Pero aun así en junio de este año esperaba con ansias el inicio de otro mundial, otra vez en Croacia, vivir la emoción de tres partidos. Y empezaron ganando uno, otro, uno más y ya estábamos en octavos. Los penales contra Dinamarca. Ya estábamos en cuartos de final, pero nos encontramos con el anfitrión. En mi mente sólo estaba Francia 98 y ese partido contra el, en aquel entonces, anfitrión. Y ganamos, en penales de nuevo, pero nos llevamos el pase a semifinales. Entonces llegó el turno de jugar contra Inglaterra, cuando fuimos a tiempo suplementario me imaginaba a Rakitic dando un tercer último penal. “Otra vez penales” me repetía mi mente, pero en un momento volcaron el juego, parecía que todos habían tenido una inyección de vitaminas, no dejaban de correr, de recuperar el balón, y llegó el momento de decir que Croacia está en la final. La inyección que les habían dado se llama agallas y se apellida amor por la patria, algo que habíamos dejado de lado en los últimos años y con los últimos sucesos en estos 30 días estamos obteniendo de nuevo.

VRSALJKO

No sé qué pase mañana, pero para mí Croacia ya es campeón del mundo. 

El fútbol no lo es todo, pero es algo grande. El fútbol une a las personas, contagia sentimientos, sea alegría en cada gol, tristeza en un penal perdido, resignación en una despedida. La locura del fútbol llega a todos, quieran o no. El sentimiento de positivismo que se está viviendo en cada una de las calles de Croacia, en cada persona que está o no en el país, no va a ser derribado por mucho tiempo, y ya era hora de que algo así le toque a este país. País de guerreros, de personas que no se dan por vencidas, un país de puro corazón que en los últimos años ha sido debatido por la corrupción, las mentiras y por muchas personas que buscan poder y beneficio personal desde una posición en la que deberían velar por el resto.

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Pero los corazones de esos once guerreros que están en la cancha, y de los doce más que están en el banquillo, más el entrenador y el equipo técnico, han hecho que el corazón de cada croata dentro y fuera del país vuelva a latir con más orgullo. Es difícil poner en palabras el aire que se respira desde acá, lleno de alegría, de un “todo es posible”, lleno de fe. Muchos dirán que el fútbol está reemplazando los problemas “reales” con una euforia efímera, pero yo quiero pensar que lo que está logrando es dar el primer paso en demostrar que el gobierno y la política no hacen un país, es el pueblo el que lo hace. En la cancha le enseñaron al mundo entero que no importan los nombres de los jugadores o sus clubes, sino qué tan unidos estén. De la misma forma demostraremos aquí que no todo está perdido, porque a un pueblo unido no lo separan políticos sin vocación. Y sin importar el resultado de mañana, Croacia ya ganó. Ganó fuerza y unión, ganó firmeza en sus sueños, ganó que cada persona que había pensado que algo es imposible ahora vea la luz al final del túnel. Porque somos un pueblo de guerreros, algunos son sobrevivientes de guerra, otros somos hijos o nietos de aquellos sobrevivientes, pero todos sabemos lo que es luchar, y gracias a la garra que están dejando en la cancha es que poco a poco Croacia se está levantando, ya lo hizo una vez y es momento de que demostremos de qué estamos hechos, que somos un país pequeño pero de corazón grande, no por nada dijo Napoleón “dame 100 000 croatas y conquistaré el mundo”.

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